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Foco de Luz y Amor

D. Julio de Pablos.

Rector de la Basílica Nacional de la Gran Promesa de Valladolid.

Con motivo de su inauguración como “Santuario Nacional de la Gran Promesa” en su consagración como Templo Expiatorio (15- Junio- 1941), el Papa Pío XII expresó su gozo, y llamó a Valladolid “foco de luz y de amor del Corazón del Rey Divino”. Veamos lo que esto significa.

Un “foco” es “una lámpara que produce una luz potente, normalmente dirigible”, “un punto de donde parten o donde se concentran determinados tipos de radiaciones u ondas “, “un lugar donde se da una cosa más intensamente que en el resto y desde el cual se difunde o extiende”… estas tres definiciones del diccionario nos dan una apreciación de la importancia que tiene este templo  predilecto de su Corazón, y de esta Diócesis de Valladolid, escogida y llamada a custodiarlo convirtiéndose en foco difusor de la Espiritualidad del Corazón de Jesús para la extensión de su Reinado. Con acierto el cardenal D. Ricardo Blázquez recordaba, al incorporar el Sagrado Corazón de Jesús en su escudo, la misión especial que tiene la Diócesis de Valladolid en el concierto de la Iglesia Universal.

En las palabras de Pío XII vemos la luminaria potente que ha de ser para la Iglesia y cómo quiere proyectar su Luz dirigible a cada uno de sus hijos. Este “foco de luz y amor” es el que ha de iluminar nuestras mentes y caldear nuestros corazones de su enfriamiento encendiéndonos en el fuego del Amor que es Cristo para incendiar el mundo, para extender su Reinado de verdad y vida, de santidad y gracia, de amor y paz… el Reinado de su Corazón Sacratísimo.

“HE VENIDO A PRENDER FUEGO EN LA TIERRA, ¡Y CUANTO DESEO QUE ESTÉ YA ARDIENDO!”

                                                                       (Lc 12, 49).

 

Recordemos lo que le aconteció al P. Hoyos en junio de 1734 cuando tuvo una visión de Jesucristo en la noche de la Cena antes de instituir el Santísimo Sacramento. En su Corazón luchaba violentamente, de una parte el amor hacia los hombres, y de otra la tristeza natural de contemplar todos los ultrajes que había de recibir en la Eucaristía “y al dirimirse, escribe él, este combate entre el dolor y el amor, fue aquel levantar los ojos al cielo Jesús, a que acompañó un dulcísimo suspiro, o una respiración ardiente, un divino esfuerzo en que el amor se mostraba vencedor” y añade: “En aquel punto determinó Jesús, con nuevas finezas reparar las injurias del Sacramento augusto, con abrir su Corazón y manifestar a la Iglesia este tesoro soberano. Y así como instituir la Eucaristía, a vista de sus agravios, fue un redoble imponderable de su amor, así la determinación de descubrir su mismo Corazón, para que en él se encuentre el modo de reparar las injurias del mismo Sacramento. Entendí que la fiesta del Corazón, después del Corpus, sería la más venerable en la Iglesia”.

 Esta visión es muy luminosa para que comprendamos, que no se puede ser eucarístico sin ser afín a la espiritualidad del Corazón de Jesús, sin querer reparar los agravios e injurias que recibe en la Eucaristía. Para esto pidió la Hora Santa y los Primeros Viernes a Santa Margarita, día especialmente consagrado a su reparación.

   En esta Basílica Jesús mostró su Corazón con esa intención. Si nos descubre su Amor es para avivar nuestro espíritu reparador como se nos indica en esta visión del beato Bernardo. Fue un gran acierto consagrar este lugar de su revelación en Templo Expiatorio, cuya función es la de reparar al Santísimo Sacramento, donde nos hacemos sensibles al dolor de Jesús procurándole el consuelo e implorando su “Gracia y Misericordia” para los que le ofenden y olvidan. Pobre sería nuestra ofrenda si no la lleváramos luego a nuestra vida ofreciéndole continuos actos de amor y sacrificios para la salvación de las almas.

¡Qué hermoso es considerar cómo la institución de la Eucaristía nació del deseo interno de su Corazón: “con deseo he deseado comer esta Pascua con vosotros” (Lc 22, 15)!  Ella es su Corazón mismo, vivo y palpitante, resucitado y glorioso.

Quisiera terminar con un intento de aproximaros a la importancia de lo que aquí aconteció.

Dos meses antes de su muerte (29- Septiembre- 1735), Bernardo vio a San Miguel arcángel:

“Me certificó de nuevo estar él encargado de la causa del Corazón de Jesús, como uno de los mayores negocios de la gloria de Dios y utilidad de la Iglesia, que en toda la sucesión de los siglos se han tratado lo que ha que el mundo es mundo”. Estas palabras nos tendrían que llenar de una profunda conmoción, pues podemos entender la gran consideración que Dios tiene al misterio de su amor  "escondido desde los siglos” (Ef 3, 8-9) y revelado en el Corazón de su Hijo para “utilidad de la Iglesia”.   Si “la Iglesia nació del Sagrado Corazón”, según expresión del Papa León XIII, para que vuelva al frescor original de la Iglesia primitiva, ha de volver al lugar de donde salió. El Papa Francisco nos dice “que los verdaderos cambios se han de hacer volviendo al origen o fuente”, pues volvamos con nuestra mirada hacia su Costado, entremos en la intimidad secreta de su Corazón de donde nació todo y recuperemos nuestro vigor bebiendo esta Fuente.

 

Os invito a vivir con intensidad esta Espiritualidad, cuyos fines son la Consagración y Reparación, a convertiros en “focos de luz y amor”, potentes luminarias que irradien la gracia y santidad del Corazón de Jesús para la extensión de su Reinado.

Que el Corazón Inmaculado de María sea el garante de nuestra fe en nuestra adhesión a Cristo.