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Templo Predilecto de su Corazón

“Mantendré los ojos abiertos y los oídos atentos a las súplicas que se hagan en este lugar. Elijo y consagro este templo para que esté en él mi nombre eternamente.

Mi corazón y mis ojos estarán siempre en él". (2 Cro 7, 15-16)

Los hombres pueden erigir templos donde se adore a Dios y a cuyos altares descienda el mismo Jesús sacramentado. Solamente Dios puede elegir y constituir los Santuarios y depositar en ellos una virtud secreta que atraiga a los pueblos y donde la oración tenga un valor muy especial.

Algo así hizo Jesús eligiendo a doce apóstoles, de los cuales sólo tres escogió como íntimos y de esos tres, sólo uno fue “el predilecto” (Jn 13, 23). De todas las Basílicas y Santuarios, solo unos pocos han sido consagrados como Templos Expiatorios. Estos tienen la especial misión de velar y reparar como los tres íntimos en el huerto de los olivos. Sin embargo, de estos, sólo la Basílica de la Gran Promesa es “el predilecto”, ya que en ella Bernardo, entró, como el apóstol San Juan, en la intimidad secreta de su Corazón que se le mostró aquí  “todo abrasado de amor y condolido por lo poco que se le estima” (Revelación del 5- Mayo-1733). 

 

Tenemos, por tanto, en el corazón de Castilla esta “perla de gran valor” (Mt 13, 45). La mayoría dan con ella por casualidad como el comerciante del que habla el evangelio. Está a la vista pero encubierta, hay que reconocer su valor para no dejarla pasar.

No se contentó Nuestro Señor Jesucristo con que España participara de las revelaciones divinas hechas para toda la Iglesia a Sta. Margarita Mª de Alacoque en Paray-le-Monial, sino que quiso reforzarlas con otras peculiares para nuestra nación y para los pueblos que entonces giraban en torno a ella (Hispanoamérica y Filipinas). Desde aquí el confidente de su Corazón trabajó para la implantación, afianzamiento y extensión del Reinado de su Corazón en España que abarcaba el Mundo Hispánico de Oriente y Occidente constituyendo una tercera parte de la Iglesia Católica. Todas las manifestaciones exteriorizadas en monumentos, templos, altares, apostolado, asociaciones, etc.,  tuvieron su origen principal y su fuente aquí donde prendió la llama de su Amor y se propago con gran rapidez para dar cumplimiento a su Promesa de Reinar con los fines de la Devoción. 

 

Olvidada en el tiempo esta excepcional Promesa: "Reinaré en España y con más veneración que en otras partes", vino el Arzobispo R. Gandásegui (1920-1937), a recuperar la importancia de este lugar sagrado en un momento de gran persecución a la Iglesia. Movido por inspiración divina, quiso convertirlo en un “Templo Expiatorio Nacional del Sagrado Corazón” al que poder acudir como “tabla de salvación”. La aprobación fue concedida por el Papa Pío XI en 1933, recomendándolo a todos los españoles que contribuyeron en su embellecimiento, y fue consagrado para esta función en 1941 por Pío XII recibiendo el nombre actual que tiene: “SANTUARIO NACIONAL DE LA GRAN PROMESA”.

 En 1964 recibió el título de Basílica Menor estrechando lazos con las Basílicas Mayores papales de Roma y con la Cátedra de San Pedro. Desde esta "casa de oración" hacemos nuestra la oración que el Corazón de Jesús elevó al Padre por el Apóstol Pedro para que no desfallezca y seamos confirmados en la fe (Lc 22,32).

Sin duda, esta Basílica anhela ser un templo plenamente eucarístico, ya que al mostrar Jesús su Corazón, unió su devoción al Santísimo Sacramento, “este culto mira al Corazón Sacramentado como a su objeto, aquí logra de lleno sus ansias amorosas” (Revelación 10-Mayo- 1733). Sabemos por las revelaciones al P. Hoyos, que el designio de manifestar a los hombres su Sagrado Corazón lo concibió Jesucristo al mismo tiempo que determinó quedarse en la Eucaristía, ya que la devoción tiene, entre otros, el objeto de avivar, renovar y encender en los hombres el amor a Jesús en el Santísimo Sacramento donde es especialmente ofendido para que sea también amado y reparado.