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El Espíritu de una Lámpara

“Manda a los hijos de Israel que traigan aceite de oliva puro y refinado para el alumbrado, a fin de alimentar continuamente la lámpara… que arda en presencia del Señor” (Ex 27, 20-21)

Una lámpara debe ser merecedora del elogio de Jesús hecho a Juan Bautista: Lámpara que arde y alumbra” (Jn 5, 35). Su misión es dar testimonio de la verdadera Luz de una forma muy sencilla, siendo esa PRESENCIA que permanezca con Él para consuelo suyo como la lámpara que no se apaga (1Sa 3,3), lucecita de alegría para el Amado que ella mira siempre.

Esa es su manera de señalar al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo presente en la Eucaristía a fin de que crean en Él, de ser esa “voz que grita”, aunque silenciosamente, invitando a la conversión porque está cerca su Reino (Mt 3,2-3).

Custodia la Promesa de Jesús con anhelo para toda la Iglesia Universal depositada  en este Templo- Relicario. Dichosos los que velan en espera del Señor como las vírgenes sensatas (Mt 25,1-8) o el servidor fiel (Lc 12,35) cuyas lámparas se mantienen encendidas.

La lámpara es abrigo de calor para la soledad y abandono de Jesús; su aceite, bálsamo que fortifica los miembros de su cuerpo y suaviza las llagas de su Corazón.  Sólo se ocupa de Aquel al que ama, para quien sólo gasta todo lo que es y lo que tiene.  

Israel, para significar la fidelidad a Dios y su oración continua, hace arder perpetuamente una lámpara en el Santuario para sucesivas generaciones (Ex 27, 20-21). Es deseo de la lámpara manifestar esta fidelidad sin dejar extinguir su llama, precisamente unida a esta Basílica donde Jesús ha querido revelarnos su  Corazón uniendo su devoción al Santísimo Sacramento como su objeto para que le rindamos culto y no le abandonemos (Revelación del 10-Mayo-1733 a Bernardo F. de Hoyos).

 

 

El tesoro de una lámpara, donde está puesto su corazón (Mt 6,2), es el Corazón Eucarístico de Jesús vivo y palpitante, glorioso y resucitado por el que arde en celo (1Ry 19, 10).  

Este arder en su Presencia sacramental, es su gran adoración, su acto perfecto de amor por el que se va consumiendo lentamente delante del Santo de los Santos. Cuanto más profundas son las noches, más arde en el vacío inmenso del santuario que su perseverancia generosa ilumina como una estrella. Permanece bajo la gran luz de su Rostro transformándose "en hostia viva, santa, agradable a Dios" para abrazar su Voluntad en lo concreto de la vida sin abandonar nunca su adoración y culto razonable (Rm 12).

Vive la sencillez, pobreza y humildad de Jesús Eucaristía. Le vale más callar que hablar. Y si un huracán la agitara o la hiciera sufrir, se callaría también... vive eucaristizada.   

 

Ella es luz, pero no es la Luz, la lámpara se transforma en lo que contempla, vive cuidando de no tener en ella parte tenebrosa que la impida iluminar con Su resplandor (Lc 11, 33-36), por eso trata de cumplir con suma delicadeza los mandamientos.

Su ejercicio es la contemplación de su Corazón y la lectura orante de la Palabra por la que tiene acceso a su intimidad, a su historia de Amor.

Su alumbrar emana del ardor de la llama que es avivada por el Espíritu Santo. Por eso, su OLEO está consagrado al Inmaculado Corazón de María para que prendido en su Espíritu de Amor,  "al ser puro y refinado, la haga servir para el alumbrado" (Ex 27, 20-21). Es con la FE de María como asegura su llama encendida consumiéndose por la Gloria del Corazón de Jesús. En su “FIAT” prende su adhesión a Dios para entregarse dócilmente a lo que su Voluntad pida. Así lo hizo Bernardo F. de Hoyos, primera lámpara de esta Basílica que se consagró a Ella antes de consagrarse al Corazón de Jesús.

Nuestra Sra. del Pilar aseguró al Apóstol Santiago que no nos faltaría la fe mientras su presencia materna, simbolizada en “el pilar” que nos dejó, estuviese operante en nosotros. Sin duda, Ella es el garante de nuestra unión con Jesús, la lámpara que es “toda de María”,  arde en “obsequio de Jesucristo” (2Co 10,5)... arde para apagar su Sed.

Si por María vino del cielo el Redentor, por este mismo conducto ha de venir su Reinado en toda su extensión. 

Con la fe de María alumbra en el candelero a todos los de la casa. Brille su luz delante de los hombres (Mt 5,15-16) para que los que contemplen sus buenas obras den gloria a Dios. Ese es su apostolado y evangelización, alumbrando es como su llama se  propaga con fuerza sin dejar extinguir su espíritu (1Ts 5,19).

La lámpara vive con intensidad los fines de la Devoción al Corazón de Jesús haciendo de ellos su Espiritualidad de vida. La palabra “devoción” viene del latín “devoveo”, y es empleada tanto por Sta. Margarita como por santo Tomás y el beato Bernardo: significa entregarse, y es aplicable sólo a Dios. Toda devoción abrazada tiene como único fin la entrega a Dios y a su servicio. Su sentido original se ha desvirtuado: ahora se confunde con una mera práctica que, siendo buena, no es absolutamente necesaria. La devoción al Corazón de Jesús empapa la propia vida. Los Papas se han referido a ésta como “mandada por Dios”. 

La Consagración y Reparación son sus fines y los medios poderosos que procuran la implantación de su Reinado íntimo en las almas, pues a los suspiros de Bernardo por la extensión del culto a su Corazón, Cristo Jesús le respondió con la Promesa de reinar (Revelación del 14-Mayo-1733).

* La CONSAGRACIÓN se expresa en aquellas palabras que el Corazón de Jesús repetía al Beato Bernardo: "Cuida tu de mi honra y de mis cosas, que mí Corazón cuidará de tí y de las tuyas". Sta. Margarita María de Alacoque nos dice que "toma el cuidado de santificarnos y hacernos grandes delante de su Padre eternal, cuanto más nosotros tomamos el trabajo por dilatar el reino de su amor en los corazones". La verdadera disposición que Él exije a su lámpara para que se emplee en este asunto, es el olvido de todo interés propio, y así Dios la purifica y santifica uniéndola a Sí mientras ella se ocupa de glorificarle y amarle sin inquietarse por nada como perteneciente y dependiente del Corazón adorable de Jesús. Lo importante no es como se encuentre ella, lo importante es que Jesús este contento.

“María fue la primera en consagrarse a la Persona y Obra de Jesús” (Lumen Gentium 56) y a ella nos confiamos.

 

 ELLA  ARDE  PARA  ÉL

 

* La REPARACIÓN es el deseo de Sta. Teresita "consolar por la ingratitud de los malos" al que ella llama "el divino Mendigo de amor". 

Por ello, la lámpara es una valiente Verónica que socorrre a este Mendigo de amor, ella vive para enjugar su Rostro sufriente.

En su Sta Faz se reflejan las heridas internas de su Corazón golpeado, ensangrentado y sudoroso. Su mayor dolor es el abandono de los suyos.

Él que es Fuente de la Misericordia, recibió de esta mujer un amor que casi todos le negaron ... recibió misericordia. Ella venció su miedo, no la paralizaron las posibles represalias, y movida por la compasión, decidió amar en medio de una multitud movida por el odio y la indiferencia.

Enjugar su Rostro fue reparar su Corazón, fue aliviar sus heridas más sangrantes, las que llevo sobre para sanar a la humanidad desgarrada por el pecado. Este acto heroico de amor le trajo el premio: su Sta. Faz quedó impresa para siempre en su velo, en su interioridad ... la Verónica ya nunca podrá vivir alejada de su Corazón, ni privarle del consuelo que reclama coronado de espinas, de esas ingratitudes, desprecios y olvidos que recibe de los hombres, especialmente de los suyos, de los hijos de la Iglesia. Jesús sigue mendigando un poco de amor.

Por último diremos que la lámpara ha de estar siempre dispuesta a dar razón de su esperanza (1 P 3,15) porque se apoya enteramente en la Gracia y Misericordia que brotan del Trono de Dios y del Cordero (Ap 22,1).

Si hay algo que une a todas las lámparas del santuario, es esa fe viva y audaz que tuvieron los camilleros, que unidos como un solo hombre, que dicen las Escrituras, acercaron a la Misericordia del Corazón de Jesús al que estaba necesitado (Mc 2, 1-12). Así se sienten llamadas a hacerlo por el boquete de este “gran propiciatorio” que es este templo expiatorio, pues su Agua de vida es medicinal y sirve para la curación de las naciones (Ap 22,1-5).

“Debía ocuparme en procurar su salvación, siendo necesario que olvidara mis intereses para hacer míos los del prójimo” (Sta. Margarita Mª de Alacoque).

 

Intenciones que presenta con frecuencia la lámpara:

- La extensión del culto al Corazón de Jesús unido al Corazón de María para la instauración de  su Reinado. Que venga a nosotros su Reino.

Detalle del púlpito con Juan Bautista y Juan Evangelista

 

- Al Santo Padre, sus intenciones y las necesidades de la Iglesia.

- A los más necesitados de su Divina Misericordia.

 

Y se pone bajo el patrocinio de:

-  San José y San Miguel, patronos de la Iglesia Universal.

-  San Juan Bautista y San Juan Evangelista.

-  Beato Bernardo F. de Hoyos.