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Historia de la Espiritualidad

La Devoción al Corazón de Jesús ya la podemos ver en las Sagradas Escrituras, siendo la Santísima Virgen y San Juan Evangelista los primeros devotos al Divino Corazón, ya que la Virgen participó de todos los sentimientos y preocupaciones de su Hijo y San Juan es el que apoyó la cabeza en Su costado. Ambos son los que vieron brotar sangre y agua al ser atravesado su Corazón en la Cruz, es aquí donde nació esta Devoción.

También San Pablo comprendió este Misterio, él comprendió las entrañas de Cristo (Flp 1, 7s).

Desde los primeros siglos ha sido costumbre meditar sobre el misterio de la sangre y el agua, de los que se ha visto nacer la Iglesia. Los Santos Padres veían el Corazón de Jesús como símbolo de su Amor, de donde las gentes “beberán con gozo de las Fuentes de la Salvación” (Is 12). De la herida brotan los Sacramentos.

En el siglo IV, San Agustín escribió sobre San Juan que este bebió de los “secretos sublimes de las profundidades más íntimas del Corazón de Jesús” y San Juan Crisóstomo escribe también en esta línea. 

Pero es a partir de la Edad Media cuando se ha ido mostrando más claramente esta Devoción al Corazón de Cristo. En los monasterios benedictinos y cistercienses esta Devoción ya era muy conocida y en ellos se hace más profunda. Así para San Bernardo de Claraval (+1153) la lanzada en el Costado de Jesús muestra el amor de su Corazón por nosotros y para el Beato Guillermo de S. Thierry (+1148) es de mucha importancia “entrar de lleno en el Corazón de Jesús, en el Santo de los Santos”.

 

En el siglo XIII es cuando encontramos los escritos más importantes de la época medieval sobre al difusión de esta Devoción. Santa Lutgarda, que es una de las primeras difusoras, vio a Jesús que le mostraba la herida de su costado y Nuestro Señor intercambió místicamente su corazón con el de ella. Es considerada la primera visión medieval del Corazón de Jesús. 

También San Buenaventura, franciscano, denominaba al Corazón de Jesús “Fuente Viva” y escribió: “¡Qué bueno, qué dulce es habitar en tu Corazón, oh Jesús! ¿Quién hay que no desee esta perla?”. Y en la misma línea escriben la mística alemana Santa Matilde de Hackenborn.

 

Pero es, en esta época, Santa Gertrudis de Helfta, religiosa cisterciense, la que tiene las más importantes revelaciones del Corazón de Jesús. Tuvo una profunda experiencia mística en la que llegó a reclinar su cabeza en el costado de Cristo y oír los latidos de su Corazón.

En esta visión le llegó a preguntar a San Juan Evangelista por qué no había hablado de lo que sintió y entendió cuando reclinó la cabeza en el costado y escuchó los latidos. Él le respondió que su misión en ese tiempo en el que la Iglesia se formaba era hablar únicamente sobre la Palabra del Verbo Encarnado, pero que en los últimos tiempos es cuando les estaba reservada la gracia de oír la voz elocuente del Corazón de Jesús. A esta voz, el mundo, debilitado en el amor a Dios, se renovará, se levantará de su letargo y será inflamado en la Llama del Amor Divino.

Otro ejemplo importante de esta época es Santa Ángela de Foligno, terciaria franciscana, que también fue confidente del Corazón de Jesús y a la que, a veces, se le aparecía para invitarla a que acercase los labios a su costado y bebiese de la sangre que de allí manaba.

A finales del siglo XIII, otra figura en relación a esta Devoción es Santa Catalina de Siena, terciaria dominica, que también tuvo importantes experiencias místicas y revelaciones de Nuestro Señor.

Lanspergio (+1539), cartujo, es la primera persona que recomendó la entronización de una imagen  del Corazón de Jesús en las casas para su veneración.  Y en este mismo siglo (XVI) tenemos dos religiosas carmelitas, Santa Teresa de Jesús, gran difusora de la humanidad de Cristo; y Santa Magdalena de Pazzi, que tuvo la experiencia mística de intercambiar su corazón con el de Nuestro Señor.

Acercándonos al momento cumbre de las Revelaciones del Corazón de Jesús, hemos de citar la figura de San Francisco de Sales, obispo, doctor de la Iglesia y fundador de la orden de la Visitación, que fue un gran difusor de esta Devoción.

A pesar de todos los ejemplos anteriores, esta Devoción seguía siendo algo individual. Fue San Juan Eudes (+1680) el que consiguió que se hiciese pública mediante su inclusión en el Oficio Divino y se estableciese una fiesta, aunque no para toda la Iglesia. Se le denominó por los Papas de aquel entonces como el apóstol del culto litúrgico de los Sagrados Corazones, ya que en la congregación que él fundó se celebraba la fiesta del Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María. 

 

Sin embargo, la fuente más importante de la Devoción, en la forma en que la conocemos actualmente, es Santa Margarita María Alacoque (+1690), monja salesa del monasterio de Paray-le-Monial, a quien Jesús se le apareció para revelarle los deseos de su Corazón y confiarle la tarea de extender esta Devoción.

 

Desde 1673 recibe apariciones de Jesús, en la primera  le comunica: “Mi Corazón divino está tan apasionado de Amor por los hombres, y por ti en particular, que al no poder contener en sí las llamas de su ardiente caridad, quiere transmitirlas con todos los medios”. A finales de este mismo año, como con Santa Gertrudis, Jesús hizo que reclinase su cabeza sobre su Corazón y le descubrió las maravillas de su Amor. Le dijo que deseaba que éstas fueran conocidas por toda la humanidad y que los tesoros de su bondad fueran difundidos, que la había escogido para esta tarea.

 

 

La aparición más importante, conocida como “la gran aparición”, se produjo en la octava del Corpus de 1675, en ella le dijo: “Mira este Corazón que tanto ha amado a los hombres y que nada ha perdonado hasta consumirse y agotarse para demostrarles su Amor  y, en cambio, no recibe de la mayoría más que ingratitudes, por sus irreverencias, sacrilegios y desprecios en este Sacramento de amor. Pero lo que me es todavía más sensible es que obren así los corazones que de manera especial se han consagrado a Mí”.

 

En su carta nº 141 la Santa nos comunica las promesas que Jesús hace a los devotos de su Sagrado Corazón y en multitud de ocasiones nos dice que esta Devoción es “el camino más corto” para ir a Él.

Las revelaciones del Corazón de Jesús a Santa Margarita son importantísimas, no sólo porque la mayoría de los documentos de la Iglesia que hablan sobre el Corazón de Jesús las toman como fuente principal, sino también por las peticiones concretas que en ellas pide el Señor:

 

-   Una Fiesta para la Iglesia Universal (El primer viernes después de la octava del Corpus).

-   La Hora Santa.

-   Los nueve Primeros Viernes.

 

El Director espiritual de santa Margarita María Alacoque, el jesuita San Claudio de la Colombière, creyendo en las revelaciones místicas que ella recibía, se dedicó en cuerpo y alma a propagar la Devoción, tanto dentro de su Orden como fuera de ella.

Así los jesuitas extendieron la Devoción por el mundo a través de los miembros de la Compañía, y los libros de los jesuitas Juan Croisset y José de Gallifet fueron fundamentales para esta difusión, a pesar de controversias y de opositores, como la de los jansenistas. También surgieron, en esta época, innumerables asociaciones, congregaciones e institutos seculares para la extensión del culto.

 

En España, en la primera mitad del siglo XVIII, el estudiante jesuita Bernardo F. de Hoyos, tuvo varias apariciones del Corazón de Jesús en las que le mostró su Corazón, le descubrió sus tesoros y le confió la misión de extender esta Devoción por todo el reino de España, que por entonces también incluía Hispanoamérica y Filipinas. El 14 de Mayo de 1733 recibió la promesa del Corazón de Jesús “Reinaré en España y con más veneración que en otras partes”. 

Las gracias místicas y las comunicaciones que recibió este santo fueron muy abundantes, y gracias a su apostolado se extendió rápidamente por todo el reino de España, y a través de los misioneros jesuitas por toda Hispanoamérica y Filipinas.

Un golpe muy fuerte que recibió la Devoción fue la supresión de la Compañía de Jesús en 1773. Como ejemplo, en España se prohibieron los libros sobre el Corazón de Jesús y el emperador de Austria dio orden de que desapareciesen sus imágenes de todas las iglesias.  Pero a pesar de esto, a principios del siglo XIX volvió a resurgir con gran fuerza.

Y así, en 1856, el Papa Pío IX extendió la fiesta del Sagrado Corazón a toda la Iglesia.

A finales del siglo XIX la beata María del Divino Corazón, de la Congregación de las Hermanas de la Caridad del Buen Pastor, recibió del Sagrado Corazón el encargo de que se le consagrara el mundo entero. Escribió al Papa León XIII y este, haciendo suya esta petición, lo consagró en 1899.

 

 

 

Es de destacar, que desde la segunda mitad del siglo XIX y hasta la actualidad son muchas las naciones, especialmente en Hispanoamérica, que se han consagrado públicamente al Corazón de Jesús. España se consagró por primera vez el 30 de mayo de 1919 en el Cerro de los Ángeles y posteriormente se ha renovado en varias ocasiones. 

El padre Mateo Crawley-Boevey SS.CC., a principios del siglo XX, ideó un movimiento de regeneración de las familias y de la sociedad a través de una cruzada moral, y para ello fundó la Obra de la Entronización del Sagrado Corazón en los Hogares, con repercusiones en todo el orbe. Uno de sus intereses fue conseguir el establecimiento del Reinado Social.

Y por último, un paso más en esta Devoción, son las revelaciones que tuvo Santa Faustina Kowalska (+1938), religiosa polaca. Jesús se le mostró y de su Corazón brotaban rayos rojos y blancos, le expresó su deseo de derramar su Misericordia sobre toda la humanidad. Gracias a San Juan Pablo II el culto a la Divina Misericordia ha tenido una difusión verdaderamente admirable desde que lo promovió a comienzo de su pontificado.

A lo largo y ancho de todo el mundo son múltiples las cofradías, asociaciones, congregaciones, institutos, etc, que basan su carisma en esta Devoción.